La historia de Djerba se une a la española en la época de Felipe II cuando las tropas españolas se enfrentaron en esta isla contra las huestes Turcas.
En la fortaleza de El Borj el Kebir. Merecen especial atención la sala en la que se exponen distintos objetos de su existencia, el foso, un puente del siglo XI, sus cuatro grandes torres y el Mausoleo de Sidi Ghazi Mustafá, director de la reconstrucción del fuerte llevada a cabo en el siglo XVI. Mucho antes de todo esto los romanos dejaron en la historia la impronta de su paso al unir la isla al continente por la calzada romana de El Kántara. Desde hace muchos siglos los árabes han ido dejando su huella en las mas de 200 mezquitas que se diseminan por la Isla de Djerba. Este espejismo de belleza frente a la costa tunecina, y en su capital Houmt Souk debemos destacar sus zocos y su puerto en el que podremos comprar las vasijas y que desde hace siglos sirve de entrada y salida al trafico de esta parte del mediterráneo. Si bien es cierto que la mitología solo es leyenda mientras no se demuestre lo contrario, no lo es menos que al estar unida a Ulises, nos garantiza que ha sido y sigue siendo uno de los puntos de mayor atracción de toda Túnez. A lo largo de los siglos ha sido capaz de convivir con un centro de judíos en la ciudad de Er Riadh y en la que aunque parezca increíble en una país islámico podemos admirar la sinagoga de Ghriba que a su vez guarda y custodia una de las Toras más antiguas del mundo. La historia se ha pintado de belleza en Djerba, con sus 500 kilómetros cuadrados (25 de largo por 22 de ancho) los beréberes que la habitan y son los autóctonos de la zona, han hecho de este archipiélago un a verdadera puerta al paraíso. Y es que la historia a veces se viste de discreción, quizás porque si las aguerridas tropas españolas y turcas pelearon entre belleza, las paginas de la historia no quisieron mancharlas de sangre. Y todo bajo la mirada de los beréberes, los mismos que habitan las casas trogloditas de otras zonas de Túnez.